Una contribución al Espacio Climático 2013: ¿Cómo superar la crisis climática?

Por Pablo Solón

No hay una respuesta única, un solo tipo de campaña o un solo enfoque.

Para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a un nivel que evite una catástrofe, tenemos que:

  • Dejar más de dos tercios de las reservas de combustibles fósiles en el subsuelo;
  • Detener la explotación de las arenas bituminosas, el gas pizarra o gas esquisto y el carbón;
  • Apoyar la producción agroecológica de los campesinos y comunidades indígenas al mismo tiempo que se va reduciendo la gran agroindustria que deforesta y calienta el planeta;
  • Promover la producción y el consumo local, reduciendo la circulación y libre comercio de mercancías que viajan por miles de kilómetros emitiendo   millones de toneladas de CO2;
  • Frenar la industria extractivista que destruye la naturaleza y contamina la atmósfera;
  • Aumentar significativamente el transporte público para reducir el insostenible “estilo de vida de un coche o más por familia”;
  • Reducir las emisiones del aparato militar promoviendo una verdadera paz y desmontando la industria e infraestructura armamentista;

En otras palabras, tenemos que salir del paradigma del crecimiento sin fin que es la base del sistema capitalista, y buscar un nuevo tipo de sociedad basado en el cuidado del otro y de la naturaleza. Una sociedad que busque la felicidad de todos y no de unos cuantos. Una sociedad basada en un concepto diferente de prosperidad y bienestar. Una bio-sociedad para la vida y convivencia armónica de seres humanos con la naturaleza.

Para detener el cambio climático tenemos que cambiar nosotros mismos. Tenemos que dejar de pensar en el crecimiento y “desarrollo”, y promover la redistribución de la riqueza. Debemos poner fin a la competencia salvaje entre países e impulsar una verdadera solidaridad que tome en cuenta las graves desigualdades creadas por el sistema capitalista. Debemos recuperar nuestro sentido de comunidad entre nosotros y con la naturaleza. Tenemos que recuperar el control de los recursos de la sociedad que han sido privatizados para redistribuir sus beneficios entre todos, preservando el equilibrio con la naturaleza.

Debemos asumir que la lucha por la justicia climática no sólo concierne a los ecologistas, sino a todos los que vivimos en este planeta. No hay forma de conquistar empleo y regímenes democráticos de larga duración sino luchamos al mismo tiempo por una sociedad que respete los derechos de la naturaleza. Un régimen “democrático” que explota la naturaleza como si fuera un simple objeto también explotará y considerará a la gente sólo como “capital”, “consumidores” o “electores”. Una economía que aspira a crecer más allá de los límites de la naturaleza, más temprano que tarde,  colapsará y desencadenará mayor desempleo.

Tenemos que poner fin a la arrogancia del hombre que considera que puede controlar a la naturaleza y a la crisis climática con soluciones tecnológicas y mercantiles. Los mercados de carbono, la valoración monetaria de la naturaleza, los proyectos “REDD[1]”, la “economía verde”, los transgénicos, los agro-combustibles, la biología sintética, los proyectos nucleares, la geo-ingeniería son falsas soluciones que se basan en la premisa equivocada de que la tecnología lo puede todo y de que el sistema capitalista y el libre mercado resolverán la crisis climática que han generando. Lejos de reconocer los límites del ser humano y el mercado, estas propuestas sólo ahondaran la crisis ecológica con sus nuevas tecnologías suicidas y sus nuevos mercados de derivados especulativos financieros sobre la naturaleza.

Así mismo, debemos reevaluar nuestras estrategias en la lucha por un acuerdo global climático. Las negociaciones en las Naciones Unidas no han abordado ni abordarán las verdaderas causas estructurales del cambio climático a menos que se produzcan verdaderas revoluciones sociales en nuestros países, especialmente en aquellos llamados industrializados. Las revoluciones sociales en el siglo XXI que no encaren en la práctica, con resultados concretos, el tema de la crisis ambiental terminarán cooptados por el sistema capitalista actual al tratar de buscar un “desarrollo” y una “industrialización” que tiene que ser redefinida por completo en este Siglo.

No podemos consumir toda nuestra energía tratando de presionar a los negociadores en las Naciones Unidas sabiendo que al final del día solo ejecutan las instrucciones de gobiernos que han sido capturados por empresas transnacionales y élites que sólo quieren conservar sus privilegios y sus negocios. La verdadera batalla por el cambio climático está en las calles, en los campos, en los bosques. Sólo habrá cambio en las políticas nacionales y mundiales cuando contemos con fuertes y victoriosos movimientos sociales que abracen la lucha por la justicia social, económica, política y ambiental en todos los países y continentes.

Estamos en una lucha que no podemos perder. Es la lucha por la supervivencia de toda la humanidad. En esta larga contienda por nuestro futuro debemos tratar de alcanzar victorias concretas que fortalezcan nuestro movimiento como ser: el cierre de minas de carbón y de proyectos de oleoductos contaminantes, la prohibición de transgénicos, el establecimiento de impuestos progresivos al consumo excesivo y al contenido de carbono en los productos, la supresión de  acuerdos de libre comercio[2], el desmantelamiento de base militares,  la supresión de la impunidad de transnacionales, la preservación de territorios indígenas, la eliminación de los “mercados de carbono”, la derrota de la privatización del agua y del “fracking”, la detención de los proyectos de    acaparamiento de tierras por privados, la “ocupación” de los mercados financieros especulativos y otras medias.

Para hacer frente al cambio climático necesitamos vincular todas las iniciativas posibles: reformas legales con desobediencia civil, huelgas de hambre con consultas nacionales, protestas masivas con acciones creativas individuales, iniciativas mediáticas y medidas de boicot de los  consumidores, ocupaciones de bancos y bloqueos de caminos, presión política con buenas prácticas que sirvan de ejemplo. No podemos perder energía en los debates sectarios. El objetivo es tratar siempre de ir más allá de la meta original, la promoción de formas más amplias y más fuertes de organización y movilización de los trabajadores, campesinos, indígenas, mujeres, jóvenes, comunidades de fe, migrantes, intelectuales, artistas y activistas de derechos humanos.

La mayor fuerza del capitalismo es la inercia. Para cambiar el sistema tenemos que recuperar nuestra capacidad de soñar, reencontrarnos con nuestras raíces, aprender de las experiencias de los pueblos indígenas como el “Bien Vivir,” abrazar alternativas como la soberanía alimentaria, defender nuestros bienes comunes de la privatización, promover la democratización de la energía y lo más importante de todo, construir un mundo donde los derechos de los seres humanos y la naturaleza sean respetados.

[1] Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los bosques

[2] Al igual que hicimos con el ALCA / FTAA y tienen que ver con la OMC

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